¿Ires y venires??, ¿eso qué es??
Ires y venires nace una tarde de Noviembre, comprando cosas de manualidades, en la que encontré un paquete con diez trozos de fieltro de colores, pensados para manualidades de los niños, y toma forma, poco después, en una noche del mismo mes, en el sofá relajada, tijera en mano, con hilo, aguja y algunos botones a los lados y, sobretodo, un montón de ganas.
Hice mi primer broche.
Y me encantó tanto el hacerlo, como el notar, el sentir, cómo mi cabeza comenzaba a dar vueltas, a pensar, a desvariar y a elaborar plantes macabros en los que todo tipo de materiales hacían de las suyas.
Manos a la obra, fueron naciendo unos y otros modelos de mis manitas, cada vez con más ganas. Hasta que decidí presentarlo ante el tribunal. Uno de los más duros, sin lugar a dudas: mi madre, mis hermanas y... ¡mis sobrinas! Llegué ante ellas con un montón de dudas, sin tener nada muy claro, y ellas las hicieron volar poniendo en ello tanta ilusión como yo podía tener.
En una primera ocasión, aprovechando una venta de zapatos, puse un pequeño panel con algunos broches, a ver qué tal iba la cosa... ¡y gustó al público! Salí más que contenta, y con una segunda opinión del "mercado", que me hizo volver a enfocar ciertos aspectos...
¡Y llegó el momento de las plumas! Mi peluquero me dio la enhorabuena, y mi abuela, la que me hizo el traje (que tiene unas manos maravillosas, por cierto) se empeñaba en el tocado que me había preparado, tenía que ser una parte del vestido, que le encantaba (¡y ella sí que es, sin duda, un jurado difícil!!; suele pecar de sinceridad...), y surgió el hacer esa otra línea, que va más despacio que la primera, eso sí, con plumas, abalorios, lentejuelas y demás.
Llegó el momento de poner un nombre, y puedo asegurar que no tenía nada claro. Se me ocurrían muchas cosas, pero nada me terminaba de convencer.
Por un lado quería salirme de los típicos, pero tampoco quería que sonara demasiado raro; me valía tanto algo original, "dicharachero", como algo sugerente.
Por otro lado, me gustaba algo con una sonoridad chula al pronunciarlo...
Además, también me gustaba la idea de que, de algún modo, apareciese mi nombre, Irene, o Ire, que es como me suelen llamar.
Me venían a la cabeza cosas como "aire", "con otros aires", "el baúl de la iaia", "inglis pitinglis" (este fue porque tenía claro que, si encajaba con el nombre, quería poner una "i" como logo como la que tengo) y otros muchos más. bueno, vale. No, no me venían a mi cabeza en realidad... casi todas llegaron a la cabeza de mi hermana. Pero finalmente, llegó a la cabeza de mi cuñado "ires y venires", y desde el primer momento me gustó. Tenía todo lo que buscaba.
Desde entonces, algunos encargos, proyectos a medio plazo... ¡y un blog! No podía faltar. Así que aquí estamos, tratando de dar a conocer este pequeño proyecto que me está dando, sin lugar a dudas, muchas alegrías.
Y hasta aquí. Pero, eso sí, con muchas ganas de que esto continúe.